ASC

ASOCIACIÓN DE SALESIANOS COOPERADORES

Historia

Los salesianos cooperadores son la primera rama fundada por Don Bosco de la Familia Salesiana. Nace de la necesidad que tiene Don Bosco de obtener cooperadores para sacar adelante su sueño y poder brindar a los jóvenes, su ideal de sistema preventivo.



Para Don Bosco, los salesianos cooperadores eran salesianos externos, es decir, que sin asumir los votos religiosos como lo sería para los salesianos sacerdotes, salesianos coadjutores y salesianas, vivirían a plenitud su carisma salesiano permaneciendo en la sociedad civil y llegando a aquellos sitios en donde los religiosos por su naturaleza no podrían llegar en beneficio de los jóvenes.

El alto aprecio que Don Bosco tenía por los salesianos cooperadores queda demostrado en su inclusión dentro de las Constituciones de la Sociedad de San Francisco de Sales como parte de la Congregación, hecho este que fue rechazado por la Iglesia y que conduciría a que Don Bosco idee a los salesianos cooperadores como una rama separada. Las regulaciones de la Pía Sociedad de Cooperadores Salesianos (según el nombre original dado por el santo), fueron aprobadas el 9 de mayo de 1876 por Pío IX.

Para Don Bosco, el cooperador era otro salesiano a todo valor con la diferencia que estaba insertado en el mundo y para ser cooperador de Don Bosco el santo ponía casi las mismas exigencias que para el salesiano religioso: modestia en el vestir, frugal a la mesa, simple en el amueblamiento de su residencia, casto en el hablar y exacto en el cumplimiento de sus deberes.

También por deseo de Don Bosco, los salesianos cooperadores procuran ser salesianos insertados en la sociedad civil, conformando la rama laica de la Familia Salesiana. De esta forma su campo de acción es doble, por un lado son colaboradores de los salesianos en sus obras y por otro lado realizar obras salesianas allá dónde los salesianos y salesianas no pueden llegar. Los salesianos cooperadores viven con un estilo cristiano y salesiano en los distintos ámbitos de su vida cotidiana como son su familia y su trabajo. Para conseguirlo, Don Bosco les dejó escrito un Proyecto de Vida Apostólica que les ofrece un camino auténtico de santificación apostólica, según las exigencias de la Iglesia y del mundo actual.


Identidad y Apostolado

De acuerdo al Reglamento de 1886, los salesianos cooperadores son laicos, sacerdotes diocesanos y otros que poseen una madurez y riqueza humana, católicos que participan activamente de la vida de la Iglesia y que se sienten auténticos salesianos comprometidos con la obra educativa de Don Bosco. En las regulaciones, los salesianos cooperadores resaltan tres elementos como pilares de su identidad: vocación, carácter laical (aunque pueden pertenecer sacerdotes diocesanos) e identidad salesiana.
Como salesianos externos (según la definición que de ellos hacía Don Bosco), los cooperadores tienen una gran apertura de acción en beneficio de la juventud más necesitada. Ante todo se presentan como testigo del Evangelio, animadores y colaboradores de la vida laical de la Iglesia y partícipes en todos los campos educativos en donde sea posible la aplicación del sistema preventivo como colegios, oratorios, espacios de la comunicación social y voluntariado, entre muchos otros.
Los candidatos a la ASC deben aceptar un periodo de preparación que se conoce como formación y que sigue las directivas de cada región, inspectoría o agrupación afiliada a la ASC. Ante todo, el candidato debe ser una persona que se identifique a plenitud con el carisma de Don Bosco, es decir, que se preocupa de la educación y salvación del joven, especialmente de aquel que está en peligro o en situación de necesidad.

Promesa del Salesiano Cooperador

Tras un proceso de formación que suele durar entre tres y cinco años, los aspirantes a salesianos cooperadores prometen para toda su vida seguir los ideales de Don Bosco con la siguiente fórmula:

«Oh Padre, Te adoro porque eres bueno y amas a todos. Te doy gracias por haberme creado y redimido, por haberme llamado a formar parte de tu Iglesia
y en Ella me has hecho conocer a la Familia apostólica de Don Bosco, que vive por Ti al servicio de los jóvenes y de las clases populares. Atraído por tu Amor misericordioso, quiero corresponderte practicando el bien. Por esto,

PROMETO
comprometerme a 
vivir el Proyecto de Vida Apostólica de la Asociación de 
los Salesianos Cooperadores, esto es: 
— ser fiel discípulo de Cristo en la Iglesia católica; 
— trabajar por tu Reino, especialmente por la pro- moción y la salvación de los jóvenes; 
— profundizar y dar testimonio del espíritu salesiano; 
— colaborar, en comunión de Familia, en las iniciativas apostólicas de la Iglesia local. 
Dame, Padre, la fuerza de tu Espíritu, para que sepa ser testigo fiel 
a este propósito de vida. 
Que María Auxiliadora, Madre de la Iglesia, me acompañe y me guíe en este camino de 
vida. Amén».


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